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Nacionales

Chaya: una fiesta ancestral de La Rioja que contagia al país

Llega febrero y en La Rioja desaparecen las barreras, las clases sociales, las edades y los géneros: nadie es ajeno a la máxima celebración que vive este pueblo una vez al año: la “La Chaya”, el carnaval ancestral que logra reunir a multitudes que acuden en busca de música, harina y albahaca. El historiador riojano Roberto Rojo nos cuenta las raíces de esta ceremonia y el significado de los tradicionales elementos utilizados.  Escuchá el audio

El ritual de la  Chaya se relaciona con el culto agrario que los diaguitas, al igual que los incas, realizaban en honor y agradecimiento a la Pachamama (madre tierra) que todo lo brinda y protege.

Chaya proviene de la voz quechua que significa “rociar” o “mojar”, en tanto Pujllay, significa en lengua quechua: jugar, retozar, divertirse. Pujllay es el Dios que preside la ceremonia de la Chaya.

Existe una bonita leyenda que dice lo siguiente:

“Chaya era una muy bella jovencita india, que se enamoró perdidamente del Pujllay, joven alegre, pícaro y mujeriego que ignoro los requerimientos amorosos de la hermosa indiecita. Fue así como aquella, al no ser debidamente correspondida, se interno en el monte a llorar sus penas y desventuras amorosas, desapareciendo en el para, desde entonces, solo retornar anualmente, hacia el mediado del verano, del brazo de la Diosa Luna (Quilla), en forma de rocío o fina lluvia. En tanto Pujllay sabiéndose culpable de la desaparición de la joven india, sintió remordimiento y procedió a buscarla por todo el monte infructuosamente. Tiempo después, enterado el joven del regreso de la joven a la tribu con la luna de febrero, volvió el también al lugar para continuar la búsqueda pero fue inútil. Allí, la gente que festejaba la anhelada cosecha, lo recibía con muecas de alegría; el por su parte, entre la algarabía de los circunstantes, prosiguió la búsqueda y la indagación con profunda desesperación y resultado totalmente negativo. Por ello, derrotado, termino ahogando en chicha su soledad y su pasada fama de Don Juan hasta que luego, ya muy ebrio, cae en un fogón y muere quemado, desde entonces que “Chaya” viene en Febrero año a año a apagar el fuego de “Pujllay”.

Desde entonces y para siempre, se festeja la chaya, cada año aparece el pujllay y muere al terminar el festejo y se lo entierra hasta el año que viene.

 

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