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Sunchales: matrimonio con 7 hijos vive en un camino perdido bajo un rancho de silobolsa

La realidad sin mayores esfuerzos, en algunas ocasiones, supera a la ficción, y los contrastes se profundizan sin conocer el límite de lo posible. En la misma ciudad donde nos vanagloriamos del progreso, de la pujanza de nuestras empresas y un nivel elevado de salarios promedios, en esa misma ciudad existe una familia de 9 integrantes que sobrevive, ya que decir vive sería un gesto de optimismo, bajo un techo de silobolsa. Sin condiciones sanitarias alguna, sin energía eléctrica, sin cloacas, sin agua potable y sin posibilidades, lo cual es la peor de todas la anteriores.

Tal como si fuera una burla del destino, el mismo material que se utiliza para almacenar sumas millonarias en granos, es el que cubre de la lluvia y el sol a estos nueve rostros sonrientes, a pesar de todo.

Oscar Schmidt y Luciana Isabel Goró saben perfectamente lo que es vivir en situaciones extremas, en algún momento se establecieron junto a sus hijos en el basural de Sunchales, por intermedio del municipio local consiguieron una vivienda en Tacural. No obstante la falta de trabajo o la precarización del mismo, hicieron que no pudieran seguir pagando el alquiler y los impuestos impiadosos de una de las energías eléctricas más caras del país.

Acorralados por la situación, tomaron la difícil decisión de refugiarse donde alguna vez vivieran los padres de Luciana, en un camino perdido, ubicado a no más de 3km de la plaza central de la Capital Nacional del Cooperativismo.

De sus ocho hijos, siete aún viven en el mismo hogar, la mayor de todos ya hizo su propia vida junto a su pareja y dejó el hogar familiar, Oscar espera ansioso el cumpleaños número 18 de su hijo varón mayor que ocurrirá durante el 2019. -“Cuando el cumpla los 18 podrá acompañarme a trabajar” nos dice mientras relata las changas que realiza en diferentes lugares: -“se hacer un poco de todo, siempre me la rebusqué” aclara mientras sus ojos recorren el entorno.

Algunas familias les han colaborado con elementos de primera necesidad y mercadería, mientras nos dicen que contar con algunos colchones sería lo más urgente, comen una o dos veces al día y planean levantar cuatro paredes para contar con condiciones más dignas para vivir.

Si hay algo que los desborda, además de los insectos, es el optimismo y el buen ánimo, no viven todo esto como una tragedia ni mucho menos, -“acá los chicos se entretienen más y tienen mucho con que jugar, son libres” agrega Oscar, mientras los pequeños no paran de correr con la vitalidad propia de los niños.

El cuadro podría ser el mismo de un plano secuencia de Kusturica, pero no, es real y es acá muy cerca, donde cada noche apoyamos la cabeza en una almohada mullida para luego despertar y creer que todo irá mejor.

Comentarios

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  1. Ana walker

    La secretaria de accion social de la municipalidad deberia tomar cartas en el asunto, teniendo en cuenta la cantidad de niños que se encuentran en situacion de vulnerabilidad.
    Pienso que en.forma personal no es mucho lo que podamos hacer, salvo arrimar comida o colchones, pero esto ya ocurrió con la flia Goró , los padres de la señora, y no creo que sea solucion..

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