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Atilra difundió una carta que denunció la muerte de un trabajador por el “riesgo cotidiano de la desidia”

La Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina (Atilra) difundió la carta que denunció la muerte de un trabajador frente “al riesgo cotidiano de la desidia”.

El texto alude al fallecimiento de un operario lácteo del establecimiento Agropecuaria Las Garzas, ubicado en Navarro, provincia de Buenos Aires.

El trabajador murió por “una caldera en deficiente estado, inspeccionada por funcionarios que tienen la obligación no escrita de decir que todo está bien”, indicó la carta.

“No debemos quedarnos callados, eso es lo peor que podemos hacer, uno de los nuestros murió en silencio, mansamente sometido al riesgo cotidiano de la desidia, porque ese compañero que murió, como todos los otros compañeros de fábrica sabían y saben en qué condiciones trabajan”, expresó el crudo mensaje del trabajador.

El Consejo Directivo Nacional de Atilra recibió la carta y transcribió el texto completo:

Arrufó, 21 de enero de 2020.

Consejo Directivo Nacional

de ATILRA

A quien corresponda:

… y nadie dijo nada.

Así chiquito, cortito y en minúsculas, desapercibido, en realidad mucho más que lo que se dijo en cualquier medio, el 1ro de enero de este año nos recibió con el desgraciado hecho de la muerte del compañero Ezequiel Natalini, (30 años), operario del establecimiento Agropecuaria Las Garzas, ubicado en Navarro, Bs As., con dueño de apellido ilustre: Di Tella.

Una caldera en deficiente estado, inspeccionada por funcionarios que tienen la obligación no escrita de decir que todo está bien; ¿como el referí localista en el fútbol vio?: “…siga…siga”.

Empresas que todos sabemos y nadie hace nada, son absolutamente transgresoras de las normas laborales, de seguridad e higiene, de sanidad alimentaria, de leyes tributarias, que compran y venden en negro, que pagan remuneraciones en negro. Pero que se llenan la boca diciendo: “Nosotros les damos trabajo a la gente”; en lugar de decir: “Nosotros necesitamos de la gente para maximizar nuestras ganancias”.

Como laburante lechero, sé que es muy difícil denunciar algunas cosas, porque el riesgo es la clausura del establecimiento y la consiguiente zozobra de los compañeros que afrontarán suspensiones y despidos en consecuencia.

Cualquiera de nosotros castigaría con el desprecio, al dirigente que por exigir seguridad ocasione una clausura no deseada.

Pero no debemos quedarnos callados, eso es lo peor que podemos hacer, uno de los nuestros murió en silencio, mansamente sometido al riesgo cotidiano de la desidia, porque ese compañero que murió, como todos los otros compañeros de fábrica sabían y saben en qué condiciones trabajan.

La empresa nada ha dicho, las entidades empresarias tampoco, será que ellos piensan: “total es sangre de gauchos”.

Para mí fue un compañero, que no conocí, pero con quien me unió la dignidad de ganarme la vida decentemente, el sufrimiento y la bronca por las diferencias y por las injusticias, en fin, lo que se dice sentir a alguien compañero de trabajo, de clase.

Murió un trabajador, nadie quiera parafrasear: “total es sangre de gauchos”.

Nota: Favor de hacer llegar esta humilde nota a todos quienes tengan que ver con este lamentable suceso, que no es accidente, es tragedia por desidia de los responsables. Mis condolencias a sus familiares.

José Ignacio ALONSO
DNI 32.405.061

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