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Coronavirus

El talón de Aquiles de la nueva vacuna de Pfizer-Biontech contra el COVID-19

Anunciada esta semana con bombos y platillos por tener una efectividad de un 90% contra la enfermedad que produce el coronavirus, expertos señalan un problema clave para su distribución masiva

Después de 11 meses de miedo, incertidumbre, angustia y desconocimiento ante el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19 que se transformó rápidamente en pandemia, llegó el lunes pasado la primera gran noticia en resultados preliminares: una vacuna eficaz que lo previene.

La compañía farmacéutica Pfizer, con sede en la ciudad de Nueva York, anunció la primera evidencia convincente de que una vacuna puede prevenir COVID-19 en un porcentaje muy alto, alrededor del 90%. Este hecho también es considerado un buen augurio para las otras vacunas en desarrollo avanzado y próximas a publicar sus resultados en Fase III. Los datos preliminares sobre la eficacia de una vacuna contra el covid-19 desarrollada por Pfizer y BioNTech constituyen “la mejor noticia científica del año”, calificó el director general de la Federación Internacional de Empresas Farmacéuticas. “Una vacuna que tiene un 90% de eficacia y que es bastante segura es un avance histórico”, destacó Thomas Cueni, director de la International Federation of Pharmaceutical Manufacturers and Associations (IFPMA).

Además de generar una ola de optimismo que recorrió el mundo, las bolsas y acciones se dispararon ante la esperanza de que pueda controlarse definitivamente la pandemia de COVID-19, que se ha cobrado la vida de 1,3 millones de personas e infectado 53 millones de almas, además de provocar una catástrofe económica mundial. “Todavía tenemos que ver los datos completos sobre la eficacia y la seguridad, pero creo que hay razones para ser realmente optimistas sobre el hecho de que estas vacunas sean seguras”, dijo Cueni y recalcó: “Veremos más buenos resultados en otras vacunas, como las de Moderna, AstraZeneca, Novavax y Johnson & Johnson, que deberían publicarse dentro de poco”.

Pero la lupa se posiciona ahora en uno de los requisitos de conservación: debe mantenerse en todo momento a -70 °C, lo que podría suponer un freno logístico de envergadura para garantizar su distribución al mundo entero.

Así lo advirtió a la revista Time Paula Cannon, profesora asociada de microbiología molecular e inmunología en la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California: “La vacuna de Pfizer debe almacenarse a un punto suficiente de frío que se rompa una cuchara, temperatura que sólo alcanzan los congeladores especializados”. En este sentido, comparó: “El congelador o freezer convencional de una cocina mantiene temperaturas cercanas a los -20 °C, lo que permite mantener un helado frío pero sin que sea un impenetrable bloque de hielo, por lo tanto no permitiría conservar esta vacuna candidata”.

Estos requisitos de almacenamiento en frío están planteando serias dudas sobre quién y cuándo podría recibir la vacuna Pfizer si se aprueba. La realidad, dicen los expertos, es que la vacuna Pfizer probablemente no estará disponible para todos, al menos no de inmediato, ya que desde raíz se topa con el problema de los 70 °C y los congeladores. Los grandes centros médicos de los principales conglomerados urbanos alrededor del globo son los que tienen más probabilidades de tener los recursos necesarios para el almacenamiento ultra frío, mientras que las personas que no tienen acceso a estas instalaciones, como las que viven en áreas rurales, hogares de ancianos y países en desarrollo, pueden tener que esperar a que otras vacunas se abran paso.

Si no se mantiene a temperaturas extremadamente frías, el ARNm puede descomponerse y dejar la vacuna inutilizable. Si la vacuna Pfizer se mantiene a -70 ° C, puede durar hasta seis meses. Pero muchos hospitales, por no hablar de las oficinas médicas y las farmacias, no tienen congeladores ultrafríos, que cuestan en los Estados Unidos alrededor de U$D 10.000 por adelantado y son costosos de operar debido a su alto consumo de energía. Tampoco es posible modernizar los congeladores existentes para alcanzar estas temperaturas, dice Cannon. “Sería como pasar de un automóvil de bajo costo a una camioneta todo terreno”: la tecnología y los requisitos energéticos son simplemente diferentes.

Los científicos en todo el mundo han recibido con cauteloso optimismo los resultados provisionales positivos del ensayo de Fase III de la vacuna contra el coronavirus, el primero en informar sobre la ronda final de pruebas en humanos. “Necesitamos ver los datos al final, pero eso aún no apaga mi entusiasmo. Esto es fantástico”, explicó Florian Krammer, virólogo de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en la ciudad de Nueva York, a la revista Nature, que es uno de los más de 40.000 participantes del ensayo. “Espero no estar en el grupo de placebo”, se confesó.

Pero la comunidad científica levantó la voz sobre decenas de preguntas que el anuncio no logró responder. Y versan en detalles importantes como la naturaleza de las infecciones contra las que la vacuna puede proteger, ya sean en su mayoría casos leves de COVID-19 o también si incluyen un número significativo de casos moderados y graves. “Quiero saber el espectro de enfermedades que previene la vacuna”, insistió Paul Offit, científico de vacunas del Children’s Hospital of Philadelphia en Pennsylvania, que forma parte de un comité asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU, que evaluará la vacuna el próximo mes. “Me gustaría ver al menos un puñado de casos de enfermedad grave en el grupo de placebo”, agregó.

Otro punto importante a develar es si la vacuna puede evitar que las personas que no muestran síntomas de COVID-19 o que presentan síntomas muy leves de la enfermedad propaguen el coronavirus. “Una vacuna que bloquee la transmisión podría acelerar el fin de la pandemia, advierten. Pero será difícil determinar si la vacuna Pfizer, u otras en ensayos en etapa tardía, pueden efectivamente lograr esto”, insiste Krammer, porque implicaría realizar pruebas de rutina a los participantes del ensayo. “No se puede hacer eso con 45.000 personas”, inquirió. Los expertos se preguntan también qué tan bien funciona la vacuna en diferentes grupos participantes del ensayo. “Aún no sabemos si funciona en la población que más lo necesita, que es la de la tercera edad”, indicó Krammer.

El gran problema de la vacuna de Pfizer

Ante los primeros resultados publicados, expertos en salud advirtieron que la vacuna, si se aprobara, no sería una bala de plata, entre otras cosas porque el material genético del que está hecha debe almacenarse a temperaturas de menos 70 grados centígrados (-94 F) o menos. La vacuna está basada en una tecnología innovadora, que consiste en inyectar en el organismo instrucciones genéticas llamadas ARN mensajeros, que dictan a las células qué deben fabricar para luchar contra el coronavirus.

Pero estas vacunas deben conservarse a temperatura muy baja, a -70 ºC en el caso de la de Pfizer/BioNTech, lo que puede suponer un freno logístico de envergadura para su distribución al mundo entero. “La conservación en frío es un problema ya que el ARN es una molécula muy frágil”, aseguró el experto Bruno Pitard, director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. BioNTech aseguró no obstante que una vez se saca la vacuna de los congeladores especiales de muy baja temperatura donde debe almacenarse, esta puede conservarse durante 5 días en una heladera clásica, entre 2 y 8 ºC.

Fuente: Castellanos

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