Un botín cercano a los 10.000 pesos se llevaron dos personas que ingresaron al local con un perro y varias inquietudes sobre su salud.
Uno de los ladrones se encargó de hacer las preguntas y de mantener la atención del profesional y mientras eso ocurría su cómplice aprovechó para concretar el robo.
Ambos se fueron del comercio sin que el dueño se diera cuenta de lo que había sucedido. Minutos después constató que había sido víctima de un engaño.









