Mónica Patricia Sottin y Ramón Molina, se disponían a pasar una de las tantas noches, en la monotonía de la pampa húmeda, rodeados de campo y la compañía de sus mansas mascotas. En el tambo que celosamente atienden para IDESA, en Ataliva.
El dueño de casa ya estaba acostado y su mujer guardaba una motocicleta debajo del alero, cuando algo le llamó la atención: tres individuos subidos a una misma moto pasaron frente a su casa por el camino rural que conduce al pueblo y se detuvieron bajo un ombú que está a pocos metros de la puerta trasera del hogar.
En ese mismo momento aseguró las dos puertas de acceso y fue avisarle a Ramón que llamara a la policía, que algo raro sucedía. El sexto sentido propio de las mujeres no fallaba. Su esposo no le hizo caso y salió a ver que necesitaban los muchachos, uno de ellos se mantenía sobre la moto mientras los otros dos se disponían a entrar en acción.
Uno de ellos abordó a Ramón por la espalda pidiéndole nafta para el vehículo birrodado, rápidamente supo que el instinto de Mónica no había fallado, pronto intentó volver a entrar por la misma puerta de atrás y allí comenzó el forcejeo.
En un intento de reducir al corajudo tambero le disparan a quemarropa en su pierna derecha, en ese entonces Mónica pensó: “…me lo mataron” mientras se deshacía a gritos en el interior de la vivienda.
Entre tirones y armas llegan a la puerta de la casa y Ramón junto a Mónica quedan del lado de adentro, mientras escuchan las voces de afuera que decían –“matalos, matalos…”, gracias a un milagro o simplemente supervivencia ambos se agachan y ven dos disparos que entran atravesando la puerta a la altura de la cabeza y el pecho. Luego siguen los balazos más abajo y uno le perfora la pierna a Mónica.
Los ladrones luego de cinco proyectiles tirados contra la puerta logran entrar y allí los esperaba Ramón, que no tiene la cobardía incorporada como sentimiento, con un cuchillo en la mano y a punta de facón logra reducir a uno mientras los otros ya subían a la moto para huir.
A puro coraje sacaron de su casa a estas tres lacras que luego seguirían haciendo de las suyas por los caminos rurales que conducen a Lehmann. Mientras tanto la P.D.I. tiene todos los elementos posibles en sus manos, incluidas imágenes de video de cámaras públicas y privadas que fueron tomando parte de este raid delictivo.









